viernes, 29 de junio de 2018

Somos muchas ovomamás

Pues resulta que ser infértil no es una novedad. Recuerdo perfectamente las palabras de mi doctora cuando empecé el tratamiento y le pregunté si la ovodonación era una opción habitual en la clínica. Me habló que la ovodonación sumaba ya un 25% de todos los tratamientos de reproducción asistida. Os hablo de hace ya unos años con lo cual es más que probable que ese porcentaje haya aumentado.  Me pareció una barbaridad teniendo en cuenta que todas las parejas que yo conocía habían sido padres de la manera tradicional y a la primera (que se estila mucho decir esto y aún no entiendo el porqué). Incluso añadió que posiblemente mis hijos no fueran los únicos niños concebidos por ovodonación en el entorno en el que se movieran cuando fueran más mayores. 
Pues es totalmente cierto. Si antes de descubrir mi infertilidad todas las mujeres que conocía habían sido madres sin ningún problema a partir del momento en que lo supe me di cuenta que desgraciadamente el mundo estaba lleno de mujeres con problemas para concebir como yo. 
Yo nunca he escondido esa dificultad y siempre he tratado el tema con mucha naturalidad. A fin y a cuentas bastante pena ya tenía yo como para tener que esconderme y no poder desahogarme. Y es entonces cuando aparecen personas que están pasando por lo mismo que tú, que conocen a alguien que está en tu misma situación... y aunque parezca una bobada te sientes menos sola en el camino y en cierto modo te reconcilias contigo misma. Es curioso pero me pasó lo mismo cuando tuve el aborto del anterior embarazo. No conocía a nadie que hubiera sufrido un aborto y fue pasarme a mi y resultaba que casi todo el mundo había sufrido uno o conocía a alguien cercano que había pasado por lo mismo que yo. 
Y lo mismo me está sucediendo con la ovodonación. Aunque este tema para mi es más delicado y como sabéis quienes habéis leido entradas anteriores sólo lo he compartido con mi entorno más íntimo. Cuando me sometí al tratamiento creí que sería la única persona conocida que habría pasado por esta técnica de reproducción asistida pero resulta que no es así. Mi mejor amiga como sabéis si habéis leído en alguna entrada más antigua también es mamá gracias a la ovodonación, un amiguito de Piruleta también fue concebido así, la hija de una amiga de mi madre también consiguió ser madre así, la cuñada de mi cuñada tiene dos nenas por ovodon... y si empiezo a contar la cantidad de amigas  (muchas conocidas en persona y otras tantas a través de las redes sociales) me doy cuenta de que somos muchísimas las mujeres que hemos conseguido el sueño de ser madres gracias a la ovodonación. Muchas, cada vez más afortunadamente.


Tic tac tic tac

      Últimamente cada vez que miro a mis hijos me viene el mismo pensamiento a la cabeza: ¿estaré haciendo lo correcto de no decirles su procedencia? No he sentido la necesidad porque he normalizado tanto su origen que a veces me cuesta recordar que no comparten mi genética. Pero a medida que se van haciendo más mayores comienzo a pensar que quizá sí deberían conocer su historia desde el principio. 
      Y ahí es cuando siento el paso del tiempo como si fuera un reloj en una cuenta atrás que me va recordando que se me va agotando el momento idóneo para sentarme ante ellos y explicarles la verdad. Y no puedo evitarlo... siento una mezcla de angustia y temor a partes iguales. Tampoco ayuda gran cosa que varias amigas que han sido madres gracias a la ovodonación no se planteen todavía este dilema. Bien porque sus hijos son más pequeños, bien porque están sopesando lo mismo que yo y prefieren no decirlo.
      La verdad... ¡cómo pesa esta palabra! Tampoco les he mentido porque sí saben que a mamá y papá les ayudó una doctora a que el pececito llegara a su destino pero hasta ahí ha llegado mi explicación. No he sido capaz de ir más allá porque tampoco sé si entenderían la complejidad de este tratamiento.
        Y en eso estoy, dudando y dándole vueltas a las cosas.....

jueves, 4 de enero de 2018

El retorno

Pues bien, tras dos años y poco más ausente de la blogosfera vuelvo a tener la fuerza, salud y ánimo para proseguir con mi historia. La historia de mis dos tesoros que guardo en la llamada "nube" para cuando sean mayores puedan leer y saber lo mucho que sufrí hasta que llegaron y lo feliz que soy desde que están en mi vida.

jueves, 15 de octubre de 2015

Hasta pronto

Llevo tiempo que apenas escribo. Mi vida es un autentico caos y no doy para mas. Me encantaria seguir pero ahora no puedo... necesito descansar y ordenar todo lo que hace que me encuentre en esta situacion. Os quiero agradecer a todas las personas que me habeis visitado, comentado y animado vuestro tiempo y generosidad. Dejare unos dias el blog abierto para despues congelarlo hasta que mi vida vuelva a la normalidad. Hasta entonces y cuando yo vuelva a estar bien os digo un hasta luego. Gracias de corazon.

sábado, 5 de septiembre de 2015

De ovocompañeras a amigas

La infertilidad une. Une, y mucho. Conocer a personas que están pasando por lo mismo que tu hace que sin saber el porque se genere una corriente de empatia que una vez se establece ya es para toda la vida. 
En alguna ocasion he leido que la infertilidad ha destruido relaciones de pareja. Aunque nuestros consortes se avengan a recorrer ese camino con nosotras nunca podran meterse en nuestro pellejo. Pareja es un buen hombre pero nunca sentí que pudiera llegar a comprender como me sentia en todo momento. Yo tuve suerte que consegui embarazo al segundo intento pero no se que hubiera pasado con nosotros si el tratamiento se hubiera alargado. Probablemente el no hubiera comprendido ni aguantado mis bajones por los negativos, mi desespero por comenzar otro ciclo, mi inestabilidad emocional por la medicacion. Y eso hubiera dañado nuestra relacion de manera irreparable. Estoy convencida.
Tras el diagnostico de mujer infertil creo que hice lo mismo que todas. Buscar informacion en internet. No sabia nada de in-vitros y comence a entrar en foros donde podia leer experiencias de muchas mujeres que estaban igual que yo pero ya habian comenzado tratamientos. Hablaban de medicamentos, menopausia precoz, ciclos... Yo solo me limitaba a leer porque como aun no habia empezado tampoco sabia bien que debia preguntar. 
Asi pase las primeras semanas hasta mi primera y unica FIV que fracaso estrepitosamente. Eso me hizo tocar de pies en el suelo y darme cuenta que lo que habia leido empezaba a experimentarlo. Ilusion desmedida y castañazo en menos de un mes. Visita medica y nuevo diagnostico. La unica via posible con tratamiento era la ovodonacion. 
Me explicaron en que consistia y en cuanto llegue a casa ya sabeis lo que hice. De nuevo volvia a estar pez en el tema. Asi que lo primero que hice fue buscar informacion y testimonios. Afortunadamente internet existe y tras buscar llegue al lugar adecuado. Y alli me quede. Comence a leer testimonios de mujeres en tratamiento, mujeres que comenzaban, mujeres que dudaban de si la ovodonacion era lo que deseaban y tras unos dias curioseando de manera anonima me anime a inscribirme para poder opinar. Ya era una forera mas, principiante y llena de dudas pero con ganas de hablar, preguntar y poder desahogarme en momentos dificiles que sabia que podian llegar. 
Aquel grupo estaba formado por muchas mujeres que llevaban tiempo compartiendo el mismo viaje y se notaba a la legua el cariño y empatia que se tenian entre ellas. Cuando una betaesperaba el resto cruzaba los dedos para que colgara un positivo y cuando habia un negativo se respiraba tristeza por parte de todas y una inyeccion de fuerza y animo increible. Y comence a escribir. Me recibieron con los brazos abiertos todas y en poco tiempo ya era una mas. Me sentia arropada por gente que no conocia de nada pero estaba pasando por lo mismo que yo. Poco a poco comenzaron los mensajes privados donde intercambiamos telefonos y la relacion comenzo a ser mas personal aunque seguiamos compartiendo todo con las demas chicas. Alli conoci a varias blogueras con las que comparti momentos preciosos aunque tambien momentos dificiles. El embarazo de una era el triunfo de todas y un negativo tambien lo sentias como propio. 
Mi grupo de ovoamigas consiguio embarazo y ahora somos unas felicisimas mamas que compartimos fotos de nuestros niños, tenemos nuestro grupito de WhatsApp, nuestro grupo de facebook y aunque nos vemos poquito se que esa amistad sera de por vida porque algo muy grande unio nuestros caminos. 
Os quiero muchisimo, se que me leeis Supers y queria dedicaros una entrada por lo mucho que me ayudasteis y seguis haciendolo cuando lo he necesitado. 

lunes, 24 de agosto de 2015

Tú no eres igual que tu madre

El otro dia andaba yo por casa haciendo cosas cuando de repente oigo decir a Piruleta dirigiendose a Patatona: "¡Tu no eres igual que tu madre!". Por un momento se me helo la sangre porque pense que habia llegado el momento de comenzar a contarles el inicio de su historia. Discretamente me acerque a el y le pregunte que a que estaban jugando los dos y de golpe empezo a reirse a carcajadas. No entendia nada de lo que pasaba y comence a reirme tambien. Fue entonces cuando me dijo que en un capitulo de Pippi Calzaslargas Tommy le decia esa frase a su hermana Annika.
Si, resulta que en el 2015 a los niños les sigue gustando ver las peripecias de aquella tarada pelirroja con trenzas hechas con un alambre y zapatos talla XXL que vivia con un caballo y un mono. He de reconocer que a mi me chiflaba cuando era pequeña e incluso mi madre para que no le diera mas la tabarra llego a hacerme las famosas trenzas con alambre. Segun me han explicado porque yo era muy pequeña mi abuelo materno me llamaba "la pipi".  Y despues de haber hecho este inciso contando una de mis batallitas de niña sigo con la entrada. 
Movida por la curiosidad le pregunté a Piruleta que significaba aquello que le habia dicho a su hermana y volvio a retorcerse de la risa. Su hermana, que no estaba muy al caso de la conversacion, para no ser menos comenzo a reirse tambien porque "la mami no se entera de naaaaaaada". Aun asi, yo seguia en mis trece y queria continuar la conversacion con mi hijo. Estaba convencida que lo que habia dicho lo habia hecho por imitacion y no tenia ni idea de lo que significaba pero que le hiciera tanta gracia no acababa de comprenderlo. Como en otras ocasiones en las que ambos se aliaban para desespero mio opte por no seguir con su juego y deje de prestarles atencion. Al ver que se les acababa la jarana no tardaron en volver a repetir la dichosa frase una y otra vez para volver a captar mi atencion. Primero en voz alta, luego a grito pelado y finalmente bailando los dos delante de mi. No podia evitar la risa. Parecian dos macacos dando saltos mirando de reojo para ver como reaccionaba yo.
Y entonces se me ocurrio preguntar a Piruleta: "¿y tu eres igual que Papi?". Patatona reia sin parar y Piruleta me respondio muy serio: "no mami, yo soy igual que tu. Pero es que Patatona tambien quiere ser como tu y yo le digo que no sois iguales". Me acerque a el y le pregunte por que pensaba asi y su respuesta me dejo ojiplatica: "Annika es igual que su mama porque las dos tienen el pelo rubio pero Patatona y tu no teneis el mismo color de pelo ni de ojos". Y se quedo tan pancho.
La conclusion a la que llegue es que mi hijo ha empezado a darse cuenta de que fisicamente entre su hermana y yo hay un abismo. Exactamente igual que con el pero en su caso no quiere verlo todavia. 

jueves, 13 de agosto de 2015

La maternidad a los 40

Hace unos días Patatona me preguntó cuántos años tenía. Yo, ignorante de mi, pensaba que eso de la edad aún no lo controlaban mucho así que le contesté con naturalidad la edad que actualmente tengo. Cuál fue mi sorpresa cuando me miró fijamente y me respondió con un "¡hala cuántos!". A continuación me preguntó cuántos años tenía Pareja y cuando le respondí hizo el mismo comentario. 
Eso me hizo reflexionar y saqué dos conclusiones: la primera es que mi hija volvía de nuevo a sorprenderme y la segunda que tenía toda la razón del mundo a pesar de que casi todos sus amiguit@s son hijos de padres añosos como nosotros. 
He sido madre a los cuarenta, sí, con todo lo que eso conlleva. No voy a engañar a nadie. A mi me hubiera gustado tener un hijo joven. De hecho, me hubiera encantado ser mamá con veintitantos pero las circunstancias personales me hicieron ver que a esa edad no era lo más sensato. Había acabado mi primera carrera universitaria y me enfrascaba en una segunda poco después. No tenía trabajo estable, ganaba una miseria y la relación que mantenía por aquel entonces era inestable y con muchísimos altibajos. Yo, que siempre he planeado mi vida a medio plazo, fantaseaba con tener un hijo antes de los treinta para ser una madre joven. Pero ya se sabe, que el hombre propone... 
Por suerte, tenía el apoyo económico de mi familia que corrieron con todos los gastos de mi formación. Así que llegaron los veinte y pasaron volando sin poder plantearme ni por asomo la maternidad. Y luego los treinta, con la formación universitaria terminada, liberada de una relación que me hacía sufrir más que otra cosa y con un buen trabajo que me reportaba un buen sueldo pero que me requería salir de viaje de manera habitual. Me encontraba que económicamente tenía solvencia pero me faltaba estabilidad de pareja y sobretodo tiempo. Hasta que un buen día comencé a sentir la necesidad de dejar de llevar aquella vida tan ajetreada y deseaba tener un hijo. Ya no me importaba estar sola, ese contratiempo tenía fácil solución. Comencé a buscar un trabajo totalmente diferente al que tenía y afortunadamente no tardé en encontrarlo. También empecé a informarme de los pasos que debía dar si quería ser madre estando sola. Tenía treinta y pocos años y estaba ilusionada con el proyecto que comenzaba. El trabajo me encantaba, tenía un buen sueldo y lo más importante tenía tiempo para poder construir mi nueva vida. Fue una de las mejores épocas de mi vida. Salía, entraba y no tenía a nadie que me pusiera mala cara por cualquier tontería. La idea se ser madre estaba muy presente, lo tenía muy decidido y ya tenía fecha fijada para empezar un tratamiento de IA. Y como la vida es caprichosa, en aquel momento apareció Pareja. Sin buscar nada y sin pretender nada se coló en mi vida. Y comenzamos una relación. De nuevo tuve que aparcar la maternidad porque no buscaba un padre sino conocer a una persona y lo que tuviera que venir después ya llegaría. Eso sí, dado que ya no éramos dos críos fui sincera con él desde el primer día y le dije que yo quería ser madre en un futuro. No sabía si sería con o sin él pero si la relación funcionaba no quería engañarlo. 
A partir de aquel momento comenzamos a conocernos, a salir, a viajar muchísimo y de esa manera voló mi treintena. Mi estabilidad laboral mejoró aún más y cercana a la cuarentena le planteé la misma conversación que habíamos tenido tiempo atrás. Quedarse embarazada cerca de los cuarenta ni es fácil ni es inmediato. Pasaban los días, las semanas, los meses y no conseguía embarazo. Aquella situación me desesperaba y no dejaba de pensar que había esperado demasiado y ahora estaba pagando las consecuencias. Hasta que pasado casi un año de aquella conversación y ya habiendo visitado una clínica de reproducción asistida me quedé embarazada cuando menos lo esperaba. Un embarazo como todas sabéis que no llegó a término y me dejó sumida en una profunda tristeza. 
Recuperarse de una pérdida es muy duro pero si se da a esa edad aún es más dramático ya que sientes la presión añadida de que la edad se te ha echado encima y probablemente no vuelvas a tener otra oportunidad. Y eso fue lo que me sucedió. Necesité un tiempo para poder superar el duelo y a recuperarme físicamente. Y eso definitivamente me acercó a la cuarentena y a asumir que ser madre se complicaba aún más si cabe. Aun así, yo seguía en mis trece y creía que si había sonado la flauta una vez quizá podía haber una segunda. Y tras varios sinsabores cada vez que me venía el período fuimos a hacernos pruebas. De este modo entré en el mundo de la infertilidad. Un mundo en el que una vez entras es imposible ya salir porque la infertilidad te acompaña para el resto de tus días.
Las pruebas demostraron lo que no quería ni oír. Menopausia precoz. Aún así, y a sabiendas que iba a perder tiempo y a tirar el dinero necesité pasar por una FIV con mis pobres, escasos y viejunos óvulos. Es un paso que casi todas las que hemos sido mamás gracias a la ovodonación necesitamos dar. Lo di, perdí tiempo, perdí dinero pero me sirvió para convencerme que ese no era el camino y de seguir por esa vía sólo iba a conseguir alargar mi dolor y castigar de manera innecesaria a mi maltrecha salud física y también mental. Así que aceptar la ovodonación fue más sencillo de lo que hubiera imaginado. Ese era el camino que debía seguir para poder ser madre. Y ese fue el camino que escogí.
He sido madre con 40 años. Es evidente que un embarazo a los 40 no es lo mismo que a los 20 o a los 30. En mi caso, el embarazo fue complicado ya que desde el primer día tuve que hacer reposo absoluto. Como muchas mujeres de mi edad tuve diabetes gestacional, lo cual hizo que tuviera un control férreo dado que mi embarazo era de alto riesgo no sólo por ser múltiple sino por mi edad. Desde buen principio tuve claro que sería el último embarazo, con la presión que eso conllevaba, porque dada la edad no era una buena idea plantearme otro embarazo a corto plazo.
A pesar de todos los contratiempos que una mujer de 40 años puede encontrarse cuando es madre a esa edad también quiero resaltar que ser madre a los 40 es estupendo. Mis hijos me rejuvenecen, me hacen hacer cosas que de no tenerlos probablemente no sería capaz de hacer. Me hacer adorar la vida, querer disfrutar de cada instante que pasamos juntos porque tengo muy presente que cuando ellos tengan mi edad probablemente yo ya no estaré en sus vidas. La vida me ha llevado hasta aquí y aunque Patatona tiene razón cuando dice que tengo muchos años también me dice que mamá sirve para todo y que no me cambiaría por nadie en el mundo. Sólo pido tener salud para poder estar al lado de ella y Piruleta muchísimos años.